"NUESTRA CABEZA PUEDE SER UNA JAULA": CUANDO LA PRESIóN SOBRE LOS CUERPOS CONVIERTEN AL VERANO EN UN RETO

Es julio, fuera hay 35º C y Sandra recibe un mensaje de sus amigos diciendo que van a ir a la piscina. Se levanta, se mira al espejo y duda qué contestar. Le apetece el plan, no exponer su cuerpo. Tiene miedo a que sus inseguridades corporales afloren y se noten. Sabe que tome la decisión que tome, su cabeza seguirá boicoteándole, e incluso que esos pensamientos puede que aumenten al compararse.

Esta es la realidad por la que pasan muchas mujeres cuando llega el verano. Mientras que para algunas personas es la mejor época y es sinónimo de disfrutar, para otras supone un reto, un miedo al que enfrentarse. La culpable tiene un nombre: violencia estética. Esta obliga a seguir ciertos patrones y mandatos sobre cómo vestirse, cuánto pesar… Algo que se ha normalizado, aunque sus consecuencias psicológicas aumentan con el paso de los años. "Es invisible y se transmite culturalmente a través de la sociedad y la educación, por lo que es muy difícil escapar de ella", dicen desde el colectivo La rebelión del cuerpo.

Los anuncios, redes sociales o medios de comunicación también contribuyen a la divulgación de estas ideas. Del monitor de gimnasio alentando a hacer ejercicio para la "operación bikini" (que no bañador), a los anuncios en los que la protagonista rechaza alimentos para que su físico no se vea alterado (como el que tuvo que retirar Yoplait) o la proliferación de las "dietas milagro". Estos son solo algunos ejemplos de los mensajes que se difunden, dirigidos principalmente a mujeres. Desde La rebelión del cuerpo denuncian que "son frases que se nos quedan en la retina, creando una carga de trabajo para el verano, como una carga mental".

"Hay una industria de la belleza que gana billones con la promoción de la insatisfacción corporal y la venta de diversos productos"

“Hay una industria de la belleza que gana billones con la promoción de la insatisfacción corporal y la venta de diversos productos. Se presentan cuerpos idealizados que se venden como la norma, pero son la excepción. Esta es una de las semillas para afianzar el deseo de cambiar nuestro cuerpo”, explica Alba, psicóloga de Somos Estupendas, una plataforma de salud mental y bienestar.

De los complejos a los TCA: las consecuencias

Inseguridades, complejos, dismorfia e insatisfacción corporal o trastornos de la conducta alimentaria (TCA) como anorexia, bulimia o el trastorno por atracón son algunas de las consecuencias que pueden generar estos mensajes, sobre todo en los adolescentes, ya que pueden llegar a ser más influenciables. Tal y como explicó una pediatra del Complejo Hospitalario Universitario de Canarias en el XXX Congreso de la Sociedad Española de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición Pediátrica (SEGHNP), recogido por Europa Press, entre el 11 y el 27% de los adolescentes en España presentan riesgos para desarrollar un TCA.

Cabe señalar que en la última década, los casos de anorexia nerviosa y bulimia han aumentado exponencialmente. Según datos del Ministerio de Sanidad y recogidos por Statista, en 2022 se detectaron 83.708 casos, mientras que en 2011 la cifra fue de 14.659. “Hay que estar pendientes de los síntomas como las restricciones con la comida, la hipervigilancia con lo que comemos, comentarios negativos hacia el cuerpo, pensar demasiado en qué ropa utilizar, “compensar” determinados hábitos…”, apunta Andrea Acuña, psicóloga del Grupo Carlota Casqueiro, especializada en psicología para la mujer.

“Cuando tenía 13 años empecé a tontear con la comida. Me veía mal en los espejos, me obsesioné con mi físico porque no cumplía con el canon de belleza. Me di cuenta a tiempo y no llegué a tener anorexia, pero sí dismorfia corporal e insatisfacción, y es algo que me va a acompañar siempre”, relata a este medio Claudia, una joven de 24 años que sufre de forma periódica problemas de autoestima en relación con su cuerpo.

Peo su caso no es lo habitual. Según cuenta Acuña, aunque se ha avanzado mucho en la desestigmatización de acudir a terapia, para muchos todavía supone un estigma y algo “no prioritario”, llegando a minimizar los problemas o pasando por alto las preocupaciones. De ahí que en la mayoría de las ocasiones no se “coja a tiempo” y desemboque en problemas más graves, sobre todo en verano, cuando estos pensamientos y problemas se intensifican. Esto se debe a que es una época en la que los cuerpos están más expuestos, por lo que aumenta la hipervigilancia como una forma de protección hacia los juicios de los demás. “Las inseguridades quedan más expuestas y aumenta la insatisfacción”, cuenta Paula, una de las psicólogas de Hana Psicología.

“Sigo teniendo el concepto de ‘para verano tengo que llegar perfecta’, como si fuera una meta. Aunque es verdad que a medida que creces vas teniendo menos complejos, pero tenemos tan interiorizada esa idea, que siempre aparece, aunque sea de forma puntual”, dice Patricia, de 27 años.

"Me veía mal en los espejos, me obsesioné con mi físico porque no cumplía con el canon de belleza (...) y es algo que me va a acompañar siempre"

Todas las especialistas consultadas por este medio señalan que la adolescencia es la época más delicada, ya que es cuando se empieza a buscar una identidad propia y, a la vez, a buscar el sentimiento de pertenencia en un grupo. Además, la presión estética afecta principalmente a mujeres, que históricamente han estado sometidas a una mayor presión en relación a ello. Desde Somos Estupendas afirman que “son el principal grupo de riesgo”, lo que corrobora Andrea Barrios, psicóloga especializada en TCA: “Hasta el 85% de las mujeres se sienten insatisfechas con su cuerpo, lo que afecta a su bienestar emocional”. No obstante, apunta que en los últimos años también ha aumentado para los hombres, quienes sienten la necesidad de cumplir con ciertos estándares físicos.

Publicidad y redes, un arma de doble filo

Mayo de 2024. Clínicas Dorsia despliega una lona en Madrid fomentando las operaciones de pecho bajo el lema de “Otro verano más cambiando el panorama de las playas”. Una publicidad dirigida a las mujeres para que lleven a cabo cambios estéticos de cara al verano. Las redes se hicieron eco enseguida y se llenaron de críticas hacia la empresa, hasta que el colectivo teta&teta denunció el anuncio, calificándolo de “vergonzoso”, y consiguió que lo retiraran.

Este es solo un ejemplo de cómo la publicidad puede influir en los sentimientos que se tienen hacia el cuerpo propio y ajeno y la aceptación, lo que se ha intensificado en los últimos años con las nuevas tecnologías y las redes sociales, sobre todo en los más jóvenes. Según un estudio de la Universidad Internacional de La Rioja, en el que se encuestó a 1.000 adolescentes entre 12 y 17 años, más del 80% consideran que los cuerpos que se exponen en estos medios son poco realistas. Además, refleja que el 31% de las chicas sienten presión en las redes para parecer que están en forma, mientras que en los chicos el porcentaje es del 23%. Esto se da sobre todo en los 14-15 años, en plena adolescencia.

Lo habitual en estas plataformas es ver a influencers mostrando una vida de ensueño en playas paradisiacas, una familia perfecta, siempre con una sonrisa en la cara y con cuerpos perfectos y cuidados. “El contenido que hacen la mayoría es muy egocéntrico, muy pocas se paran a analizar y saber qué contenido quieren ver sus seguidores, qué les preocupa, cómo se sienten”, cuenta a este medio Carla Vera Huerta, una influencer con más de 128.000 seguidores.

Carla se hizo conocida por publicar contenidos acerca de la talla midsize, lejos de los estereotipos y los mal llamados cuerpos “normativos”. “Todos los días recibo mensajes muy bonitos y de apoyo. Creo que hacen falta perfiles así para ver que la gente normal existe, y no la perfección que nos quieren vender de vida idílica”, relata. Mónica cuenta a este medio que las comparaciones con modelos e influencers son habituales: “En vez de aceptar que no eres igual, te machacas más y nunca te vas a ver bien”.

Según el informe #Rayadas. La salud mental de la población joven en España, de la Fundación Manantial, el 41,2% de los encuestados cree que las tecnologías influyen en la autopercepción negativa de su imagen corporal. “Son un arma de doble filo. Estamos más protegidas porque vemos más diversidad, pero también estamos más expuestas”, cuenta Carla. “Las redes y la edad han hecho que normalice las estrías o la celulitis, pero antes era una cuestión que me preocupaba”, asegura Ana, una joven de 27 años.

Ángel Villarino

Las especialistas abogan por seguir solo a aquellos perfiles que no van a causar ningún daño psicológico en relación con la autoestima y el cuerpo, y aprender que lo que se muestra solo es una pequeña parte. “Nuestra cabeza puede llegar a ser una jaula, y dejas de vivir tu vida”, apunta la psicóloga Andrea Acuña, quien añade que hay que crear narrativas positivas y prestar atención al momento presente.

En la era de los likes, las redes sociales, la sobreexposición y las publicaciones de todo tipo, a veces se olvida que un cuerpo no es un elemento de exposición ni objeto de consumo para los demás, sino que va más allá de lo que puede representar de puertas para afuera. “Tenemos que agradecer lo que podemos hacer gracias a nuestro cuerpo y que en muchas ocasiones damos por sentado en nuestro día a día, desde caminar, bailar, reír, besar o cantar”, dicen desde Somos Estupendas. Una deuda pendiente que todavía tiene la sociedad.

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